Domingo , diciembre 4 2016
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Una, delirante, otros, pollerudos

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Lo que hicieron los senadores de la disidencia colorada y la oposición, en la sesión de la víspera, sencillamente no tiene perdón.  Al “estudiar” el Proyecto de Presupuesto General de La Nación, le dieron un brutal “tijerazo” a la emisión de bonos previstos para financiar una serie de proyectos de fuerte impacto económico y social, recortándolos a la mitad, de US$ 590 millones a tan solo 300. La batuta estuvo, cuando no, en las manos de la senadora Desirée Masi; una ignorante en materia económica, pero experta en sabotaje de todo aquello que sea sinónimo de desarrollo y bienestar de la población, a lo que se suman incondicionalmente los “Calé”, “Marito” y compañía, quienes cumplen el triste papel de vulgares pollerudos de nuestra desprestigiada política.

No satisfechos con ello, los miembros del grupo que maneja el Senado a su antojo,  cual perfectos monos navaja, también aprobaron un aumento salarial del 18% a médicos, así como 12% a todos los funcionarios de blanco y a los docentes, a pesar de las reiteradas advertencias que se les hiciera  respecto a que eso supondrá, necesariamente, renunciar al financiamiento de una serie de programas sociales.

El problema es concreto. O se financia una cosa u otra, pues no hay recursos para ambas cosas, salvo que se generen nuevas fuentes de ingresos. En este sentido, lo que hicieron los senadores fue aumentar los gastos corrientes, en concepto de sueldos, y desfinanciar otros programas, al recortar en casi el 50 por ciento la emisión de bonos.

Los trabajadores de la salud y de la educación son merecedores de mejores condiciones salariales, no hay duda alguna. Pero los senadores que les otorgaron el incremento lo hicieron con total irresponsabilidad, con fines puramente electoralistas, sin establecer mecanismos para cubrir lo que demandará el aumento presupuestario, razón por la cual terminarán siendo perjudicados muchos de los que hoy reciben asistencia del Estado para cubrir sus necesidades ultra básicas.

Durante el transcurso de la sesión, el presidente Horacio Cartes hizo declaraciones a la prensa, señalando, entre otras cosas, algo que constituye un problema clave a resolver: “Este es el único país del mundo en el que el Congreso utiliza el Presupuesto para extorsionar”.

A decir verdad, el presidente se quedó corto, porque los senadores no piden algo a cambio de aprobar el proyecto del Ejecutivo sino, directamente, utilizan el Presupuesto como un garrote para golpearlo, para que no pueda cumplir con muchas de sus obligaciones y, así, debilitarlo políticamente de cara a la ciudadanía y a las próximas elecciones.

Este proceder, en nuestra fauna política, es hasta si se quiere “entendible” en el caso de la oposición, pero en el de la disidencia constituye un acto de cretinismo, pues sus chances, si es que tiene alguna, están directamente subordinadas al éxito del gobierno de HC.

Evidentemente, la experiencia de ayer pone de relieve otro de los varios aspectos que deben ser revisados con urgencia en la Constitución Nacional. No puede ser que 22 tipos, comandados por una delirante, provoquen tanto daño con tanta facilidad, cambiando a su gusto y paladar aspectos fundamentales de la ley más importante que aprueba el Congreso todos los años, lo que, cuanto menos, debería ser facultad de una mayoría calificada de dos tercios.

El proyecto ahora vuelve a Diputados y seguro retorna al Senado para que de su última palabra, que de mantenerse en su destructiva postura, tal vez lo que corresponda es que el Ejecutivo vete el engendro que aquel sancione.

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