Aldo Zuccolillo, y su hija Natalia.
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“Acero” presume de defensor de la libertad de expresión, pero intenta acallar a ADN

ASUNCIÓN.- El dueño de ABC, Aldo Zuccolillo, es hasta miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa, en donde es visto como el paladín de la libertad de expresión en el país. Pero es una farsa ya que mientras se llena la boca hablando del tema, por detrás intenta acallar la voz de nuestro diario impidiendo su distribución.

A Zuccolillo le gusta presumir de ser un gran defensor de las libertades públicas, especialmente la que tiene que ver con la prensa. Durante años se mostró como el sumo sacerdote del periodismo independiente y demócrata, y a fuerza de publicar siempre sus bondades, consiguió que sus lectores olvidaran la íntima relación que durante años mantuvo con el dictador hasta que un día tuvieron un problema y de ser gran stronista pasó a la vereda de enfrente.

Su poder llegó tan lejos que durante los años que pasaron después del golpe de Estado siguió ostentando la imagen de impoluto demócrata, férreo defensor de la prensa seria y comprometida con el país. Por eso, cuando ADN empezó a desenmascararlo, la rabia que le agarró en contra de nuestro diario fue tan intensa que olvidó los buenos modales y empezó a mostrar su verdadero rostro, el del villano antidemocrático e inescrupuloso, dispuesto a lo que fuere con tal de salirse con la suya. Y decidió hacer cualquier cosa con tal de acallar a nuestro diario. Dicen que lo peor que se le puede decir es que es un censurador, tanto o peor como esa gente a la que durante años persiguió desde las páginas de su diario.

Cualquiera que trabaje en un diario o tenga noción de su funcionamiento sabe que la distribución de los ejemplares puede hacer la diferencia entre el éxito o el fracaso del medio. Como ABC sigue presumiendo de tener la mayor tirada (aunque la realidad es bien diferente) todos los distribuidores son funcionales a lo que dispone este diario y su dueño. Por eso es que Zuccolillo hizo uso y abuso de ese poder y ordenó a estos trabajadores que no acepten distribuir ADN, pensando quizás que sin este sector tan importante, nuestro “pasquín” no podría sobrevivir.

El intento del dueño de ABC no alterará para nada ni la distribución ni el alcance que tiene nuestro diario. Lo único que hace es demostrar, una vez más, que Acero es un bluf, una burla, un tipo retorcido que no teme pisar cabezas para conseguir su objetivo y que miente descaradamente a respetables representantes del periodismo independiente internacional cuando se muestra como uno de ellos.

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