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Casi como en países de elevado desarrollo

Quizás las cosas sean diferentes en los países nórdicos. Donde hay un respeto tremendo a todas las etapas de la vida de un ser humano. Desde la infancia, pasando por la adultez, hasta la senectud, el Estado se preocupa de efectuar un acompañamiento preciso y de ir proporcionando los complementos necesarios para una vida digna hasta el momento de partir.

Los países más civilizados del mundo son en realidad quienes tienen un ranking adecuado de atención a sus adultos mayores,  que es elogiable, porque habla de un alto nivel de respeto a la vida humana en todas sus instancias.

En Latinoamérica, casi en todos los países, nadie se ocupa de los ancianos. Y si lo hacen, lo encaran como algo inevitable, fastidioso, oneroso, sin sentido, habiendo otras tantas carencias. Así, los viejos las pasan súper mal, abandonados a su suerte, porque siempre hay otras prioridades antes que ocuparse de ellos.

En Paraguay las cosas no eran diferentes hasta hace un tiempo atrás. Los asilos de ancianos eran antros, ratoneras,  donde se acortaba sustancialmente la vida de los abuelos.

Ellos ni siquiera sirven ya como elementos para engrosar las filas de votantes en las frecuentes elecciones en nuestro país. Entonces el interés de los gobernantes era cero.

Hasta que llegó el presidente Cartes e inauguró toda una nueva era en esta delicada materia. Hablo de la necesidad de aportar mejores destinos para los abuelos de la tercera edad e inmediatamente no dejó que ello quedara en el discurso. Estableció mecanismos de ayuda, mejoró la atención  en los centros respectivos, destinó fondos para ese menester y hasta inclusive, lo destacamos especialmente, se les asignó una especie de ”jubilación” a todas las personas ancianas, especialmente en el interior del país, donde hasta hoy tienen lugar censos para incluirlos cada día más en la lista de beneficiarios.

Ahora, mañana se inaugura una obra cumbre en la materia. Uno de los sitios de reposo casi únicos en su tipo en Sudamérica. Era el lujoso hotel casino que quedó para el IPS en San Bernardino. Casi en ruinas. Renació  reluciente de sus cenizas para convertirse en un albergue privilegiado para los ancianos jubilados de la institución.

Magnífica obra. Elogiables objetivos. Nunca antes vistos en Paraguay.

Como quedó dicho. En nuestros países las prioridades para el Estado siempre son múltiples. El Gobierno paraguayo ha demostrado la sensibilidad suficiente para ocuparse de los que no tienen voz.

Para darle un último hálito de vida digno a cientos de compatriotas que han cumplido con el destino de sus vidas.

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