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El legado de “Rolfi”

Si hay algo por lo que será recordado Rodolfo Friedmann en su paso irregular e ilegal por el Senado es que consiguió convertir a las cámaras del Congreso en un efectivo refugio de cuestionados personajes, ya que por intentar protegerlo, sus “compañeros de causa” embarraron de tal manera la cancha que lograron bloquear cualquier intento de que los acusados por tráfico de influencias pudieran perder sus bancas.

Desde el inicio de este período legislativo, 6 senadores quedaron fuera a pesar de haber obtenido los votos necesarios para ingresar. Y si bien en algunos casos se podía sospechar de persecución política, el saldo era positivo, puesto que el mensaje que daba la Cámara Alta a la ciudadanía es que no estaba dispuesta a tolerar a los delincuentes entre sus integrantes.

Esto, además, ponía a la vanguardia de la transparencia al Senado y dejaba muy mal parada a la Cámara de Diputados, ya que allí nunca se pudo siquiera analizar la pérdida de investidura de alguno de sus miembros, a pesar de los intentos de la oposición por liberarse de personajes cuestionados como Miguel Cuevas y Carlos Portillo, por citar solo a algunos. Fue justamente a consecuencia de la gran diferencia entre una y otra cámara en cuanto a sus miembros corruptos, que Diputados fue bautizado con el mote de “cámara de la vergüenza”.

Y la cosa hubiera continuado así si a Enrique Riera y Sergio Godoy no se les hubiera ocurrido plantear la pérdida de investidura de Friedmann. Los argumentos y pruebas eran tan contundentes que sus compañeros decidieron que no se podía permitir que fueran expuestos, ya que si eso ocurría, no habría argumento que justificara el rechazo a su expulsión.

Así que de ser la cámara de la transparencia, el Senado rápidamente se convirtió en la de la manipulación y el manoseo. Evitaron tratar la expulsión de Friedmann y, para que no haya algún nuevo intento, presentaron un proyecto de reglamento de la Pérdida de Investidura, algo que jamás les impidió expulsar a colegas anteriores.

Ahora, la pelota está en la cancha de los diputados, los que no están dispuestos a morder el anzuelo porque todos saben que el intento de reglamentación es un paková piré que les pone el Senado, con la única excusa de proteger al exgobernador del Guairá. Y no piensan permitirlo, por lo que ya se habla de que rechazarían el proyecto, posiblemente esta misma semana.

El panorama que se presenta de aquí a junio de 2023, cuando asuma el nuevo Congreso, es bastante desolador. Ya no habrá legisladores expulsados porque el grupo de amigos de Friedmann decidió mantenerlo en el cargo, al que llegó sin ningún mérito, por una simple decisión administrativa del entonces presidente del Senado, Fernando Lugo.

Por supuesto, como siempre, los grandes perdedores somos los ciudadanos, que deberemos seguir soportando a delincuentes ocupando bancas en el Congreso, dictando leyes y decidiendo nuestro destino.

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