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Invasión rusa: Expertos internacionales advirtieron que el fantasma de la recesión acecha cada vez más al continente europeo

En medio de la crisis global que trajo aparejada la pandemia de coronavirus –con la consecuente expansión del gasto público y una fuerte disparada inflacionaria– y la invasión de Rusia a Ucrania, la posibilidad de una recesión acecha cada vez más a los países centrales de Europa.

La suba de precios récord no cede en el viejo continente, con un futuro marcado por la incertidumbre sobre cuánto tiempo más durará la guerra y la velocidad para cortar la dependencia del gas ruso, dos de los factores principales que explican la inflación que provocó huelgas históricas, elevó la inseguridad alimentaria, devaluó el euro frente al dólar y genera el temor por una recesión en una economía que buscaba recuperarse del golpe de la pandemia.

La suba de precios en los 19 países que usan el euro como moneda única alcanzó el 8,6% interanual en junio, la marca más alta de la historia, en una escalada que se aceleró desde el inicio de la invasión rusa el 24 de febrero.

La mayor causa de estos números inéditos es el precio de la energía por las sanciones y contrasanciones entre la Unión Europea (UE) y el Kremlin, que redujeron la oferta de suministro de petróleo, pero sobre todo de gas ruso, que hasta antes de la guerra representaba más del 40% de las importaciones de ese combustible en el bloque económico.

En ese contexto, Commerzbank, el cuarto banco de Alemania con foco en las pequeñas y medianas empresas alemanas, advirtió que ese país podría enfrentar una crisis similar a la contracción observada después de la crisis financiera de 2008 si Rusia corta el suministro de gas, según informó la agencia Bloomberg.

Commerzbank dijo que, como consecuencia de ello, tendría que reservar entre 500 y 600 millones de euros para préstamos incobrables. La semana pasada, su rival más grande, Deutsche Bank, advirtió que tendría que reservar 1.000 millones de euros adicionales durante dos años en ese escenario.

Cabe destacar que Alemania es uno de los países más vulnerables a las amenazas de un corte de los suministros, ya que en las últimas décadas aumentó su dependencia del combustible barato ruso. El ministro de Economía, Robert Habeck, advirtió que las medidas de Rusia podrían provocar un colapso de los mercados energéticos y estableció un paralelo con el papel de Lehman Brothers en el desencadenamiento de la crisis crediticia por las hipotecas subprime en EEUU, hace 14 años.

Por ahora, los clientes corporativos “siguen estando bien” porque acumularon liquidez durante la pandemia, dijo la directora financiera de Commerzbank, Bettina Orlopp. “Si se produjera una paralización total del gas, que todavía también es un escenario probable, entonces creemos que veríamos una recesión en Alemania”, señaló.

Las posibles provisiones adicionales esbozadas por Commerzbank y Deutsche Bank equivalen a unos 20 puntos básicos de sus libros de préstamos, dijeron, aunque Commerzbank asume el apoyo del Gobierno en su peor escenario, mientras que Deutsche Bank no lo hace.

Lo cierto es que las perspectivas de Europa para los próximos meses son muy inciertas. Si bien la temporada turística de verano está dando un impulso a los países del sur, las proyecciones se recortan debido a que las amenazas del Kremlin en torno a la energía, el persistente caos en las cadenas de suministro y la crisis del costo de vida están debilitando la demanda y la producción.

Lejos de ser el motor económico de Europa que solía ser hasta hace poco, el Fondo Monetario Internacional (FMI) dijo esta semana que Alemania será el rezagado de este año entre las naciones del Grupo de los Siete debido a la dependencia que tiene su enorme sector industrial del gas natural ruso.

Alemania no está sola. El Reino Unido corre el riesgo de profundizar la recesión, según advirtió el Instituto Nacional de Investigaciones Económicas y Sociales Delphine Strauss.

La economía del Reino Unido está entrando en recesión, sin que se vislumbre una tregua en una crisis del costo de vida que dejará a más de 5 millones de hogares con sus ahorros agotados para 2024, según nuevas previsiones del Instituto.

El grupo de expertos que lo conforman espera que el producto interno bruto inglés caiga “ligeramente” durante la segunda mitad de 2022 y el primer trimestre de 2023, pero los riesgos de una recesión más profunda están aumentando.

Las disparidades regionales se amplían también, con Londres a la cabeza del resto del país. En ese marco, Delphine Strauss le pidió al próximo primer ministro que intensifique el apoyo directo a los más pobres, en lugar de priorizar los recortes de impuestos, argumentando que incluso si la inflación se desacelerará el próximo año, los alimentos y los precios de la energía llegaron a niveles que causarían dificultades para muchas personas en 2024.

Delphine Strauss, el instituto de investigación económica independiente más antiguo de Gran Bretaña, instó al gobierno a aumentar su subsidio de energía a hogares de bajos ingresos y aumentar los beneficios durante al menos seis meses cuando los precios regulados de gas y electricidad vuelvan a subir en octubre.

Los 200.000 millones de libras de ahorros que algunos hogares habían acumulado durante la pandemia podrían ayudar a apuntalar el gasto del consumidor en la segunda mitad del año, remarcaron los expertos. Pero estos fueron distribuidos “en forma desigual” y millones están luchando para comprar artículos de primera necesidad para sus hogares.

El grupo de expertos de Dephine Strauss aseguró que el número de hogares sin ahorros aumentará a 5,3 millones para 2024, con casi 7 millones de hogares viviendo de un cheque de pago por valor de menos de dos meses de ingresos disponibles. Más de 1 millón de hogares podrían experimentar una indigencia severa, con alimentos y las facturas de energía por sobre sus ingresos algo que los obligaría entre comer, prender la calefacción o recurrir a usureros.

Además, culpó tanto al Banco de Inglaterra como al gobierno por permitir que la alta inflación se consolide, argumentando que un endurecimiento prematuro de la política fiscal había dejado a los responsables de la política monetaria “renuente a subir las tasas con la demanda aún frágil”.

Por otra parte, países como Francia sufren el adicional del impacto del cambio climático. Julio fue el mes más seco de su historia en la nación gala.

Las temperaturas abrasadoras y la sequía provocaron incendios forestales en la costa oeste de Francia y afectaron a los agricultores, obstaculizando el período clave de floración de los campos de maíz. La cuota de cosecha de maíz del país en buenas o muy buenas condiciones cayó al 68% el 25 de julio desde el 75% de la semana anterior, dijo FranceAgriMer.

El verano seco y caluroso de Europa es un claro recordatorio de la crisis climática en curso, con olas de calor cada vez más frecuentes e intensas. Asimismo, Inglaterra tuvo su julio más seco desde 1935, con temperaturas récord que provocaron incendios cerca de Londres, generaron cancelaciones de trenes y vuelos y obligaron a las centrales eléctricas a operar a niveles bajos para evitar el sobrecalentamiento.

En tanto, en plano monetario, la preocupación que genera la economía europea llevó a que el euro cotice por debajo de 1,01 dólares por primera vez desde fines de 2002, elevando la presión para que el Banco Central Europeo suba las tasas de interés, tal como hizo la Reserva Federal (FED) estadounidense para valorizar la moneda de ese país.

Así crecen los temores de recesión en la zona euro y suman tensión las turbulencias financieras alimentadas por un nuevo aumento de los precios de la energía en la región ante más reducciones en la importación de gas ruso. INFOBAE.

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