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La luz al final del túnel

Como todo en el Brasil, la medida de las cosas es “o maior do mundo”, como le gusta jactarse a los ciudadanos de ese país.

“Maior país do mundo, o maior en populacão, o maior en futebol”, etc.

O “maior” también en “corrupcão”. Abandonemos nuestro mal portuñol y hablemos claro. La corrupción descubierta en Brasil es por lejos, la más grande, la más cuantiosa y la más decisiva en la historia de un país. El caso “Lava Jato”, sacude los cimientos mismos de la sociedad brasileña generándole una catarata de mala onda, donde el prestigio del país se arrastra por el fango al punto de sorprender al planeta entero. Se sospechaba que había corrupción, pero en tal volumen, no. Demasiado terrible, todo.

Pero en medio de ese túnel perverso, hay una luz tremenda que brilla como el sol y que quizás no haya sido suficientemente valorada, porque la gente no sale aun del espanto que le provoca la suciedad de un caso tan dramático como el que mencionamos.

Y es la actuación de la Justicia brasileña. En un continente donde no nos enorgullecemos precisamente de la misma. Ni que fuera la Corte Suprema de los EE.UU, o las cortes europeas, o las de los países escandinavos, donde la diosa Astrea es tan perfecta que causa escalofríos. No. Está sucediendo aquí nomás. En plena Latinoamérica, corazón de un turbulento mundo, donde la Justicia es un bien  harto esquivo, un sitio de perversidades de todo tipo, donde se compran y venden conciencias y trayectorias.

Al contrario, la Justicia brasileña está dando un ejemplo al mundo, ventilando este terrible suceso. Rogamos al lector fijarse en la magnitud de estos datos:

“El caso Petrobras, la investigación sobre el mayor escándalo de corrupción de la historia de Brasil, completó tres años, con un balance de 130 condenas y 183 pedidos de cooperación judicial, informó la Fiscalía del vecino país. Desde el comienzo de la operación, en 2014, la Policía llevó a cabo 38 fases, en las que fueron realizados 746 allanamientos, 91 prisiones preventivas, 101 detenciones de carácter temporal y seis en flagrante.

De acuerdo con la Fiscalía, sólo los delitos denunciados en primera instancia contemplan pagos de sobornos de cerca de 6.400 millones de reales (unos 2.025 millones de dólares), mientras que el bloqueo de bienes de imputados alcanzó los 3.200 millones de reales (unos 1.010 millones de dólares).

La corrupción en torno a Petrobras, la mayor empresa de Brasil, creó un agujero en la petrolera de 42.000 millones de reales (unos 13.290 millones de dólares), teniendo en cuenta el beneficio obtenido por las empresas que formaban el cartel de obras…”.

Y los números no lo son todo. El proceso afectó a los más altos niveles de gobierno, como son, la presidencia de la  República, las cámaras de diputados y senadores, presidentes de partidos políticos, etc, un remezón completo, donde cayó toda la fruta podrida. Hay súper empresarios, dioses, metidos en la cárcel como vulgares ladrones de gallinas.

El precio a pagar fue alto, varios de los valientes investigadores perdieron la vida por su osadía.

Lo dicho. El caso es perverso por donde se lo mire. Pero la actuación de la Justicia Brasileña no tiene parangón en la historia reciente de A.L.

¡Qué bueno sería que nos miremos en ese espejo!

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