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Los numerosos síntomas del COVID-19

Un médico analiza una tomografía.

NUEVA YORK. Para una enfermera de Texas, la primera señal de que algo andaba mal sucedió mientras se cepillaba los dientes: no pudo percibir el sabor de su pasta de dientes. Para un abogado de Georgia, fue terminar completamente exhausto tras su salida a correr que por lo general es sencilla. Cuando un profesor de Wisconsin se enfermó en junio, pensó que le había caído mal una comida.

Pero al final, todas estas personas descubrieron que sus diversos síntomas eran señales de COVID-19. Algunos de los síntomas comunes —tos seca, dolor de cabeza— pueden manifestarse de manera tan leve que al principio pueden confundirse con una alergia, o un resfriado. En otros casos, los síntomas son tan inusuales —extraños dolores de pierna, sarpullido, mareo— que los pacientes e incluso sus médicos no creen que el COVID-19 pueda ser el causante.

Con más de 18 millones de casos de coronavirus a nivel mundial, algo es seguro: los síntomas son variados y extraños, pueden ser leves o debilitantes, y la enfermedad puede progresar, de pies a cabeza, de maneras impredecibles.

A pesar de cientos de estudios publicados sobre los síntomas del COVID-19, saber cuán común es alguno de los síntomas depende del grupo de pacientes estudiado. Los pacientes en hospitales, por lo general, tienen síntomas más graves. Los pacientes de mayor edad son más propensos a tener problemas cognitivos. Los pacientes más jóvenes tienden a manifestar una enfermedad leve y extraños sarpullidos.

“El problema es que depende de quién eres y cuán sano estés”, afirmó Mark A. Perazella, especialista en riñones y profesor de medicina en la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale. “Es tan heterogéneo que es difícil saberlo. Si tienes buena salud, lo más probable es que te dé fiebre, dolor muscular, síntomas nasales, tos seca y malestar general. Pero también van a aparecer los bichos raros que son difíciles de diagnosticar porque llegan con algunos síntomas y más nada, por lo que no sospechas que puedan tener COVID-19”.

La enfermera de Texas que no pudo percibir el sabor de su pasta de dientes dijo que, al día siguiente, tenía fiebre, dolores corporales “horribles” y tos. Sus síntomas duraron cinco días (ella y muchos otros entrevistados pidieron que sus nombres no fueran revelados para proteger su privacidad médica o proteger a sus familias del estigma del COVID-19).

Anosmia, la pérdida del olfato que también suele venir acompañada de la pérdida del sentido del gusto, es vista como un síntoma definitorio. En un estudio de 961 trabajadores de la salud a los que se les realizó la prueba del COVID-19, la anosmia fue el síntoma más predictivo, pero no infalible. Solo la mitad de las personas que reportaron haber perdido el olfato y el gusto dieron positivo, afirmó Brian Clemency, el autor principal del estudio y profesor adjunto del Departamento de Medicina de Urgencias de la Escuela Jacobs de Medicina y Ciencias Biomédicas de la Universidad de Búfalo.

Incluso un síntoma tan común como la fiebre puede ser engañoso cuando se intenta predecir si un paciente tiene COVID-19. Aunque muchos negocios están realizando revisiones de temperatura para detectar el COVID-19, muchos pacientes con la enfermedad nunca experimentan fiebre. En un estudio europeo realizado a 2.000 pacientes de COVID-19 con enfermedades leves y moderadas, el 60 por ciento nunca tuvo fiebre. En el estudio de la Universidad de Búfalo, menos de uno de cada tres pacientes con fiebre también dio positivo por COVID-19.

Rob Gregson, de 52 años, de South Orange, Nueva Jersey, se fue a dormir con cierto malestar y despertó con opresión en el pecho, una tos “rara”, problemas para respirar y una “fatiga impresionante”. Eso fue el 11 de marzo, justo antes de que se impusieran las cuarentenas, por lo que de inmediato sospechó que era COVID-19. Pero debido a que nunca tuvo fiebre, le costó más de una semana encontrar a un médico que lo atendiera y le aplicara la prueba. Dio positivo.

“La fatiga ha sido lo más debilitante”, aseguró Gregson, director ejecutivo de una organización religiosa sin fines de lucro. Casi cinco meses después, dice que sigue teniendo problemas para recuperar su resistencia física. “He estado en la montaña rusa del coronavirus. Un día me siento mejor y pienso que estaré bien, y de repente regresa con fuerza”. (Con información de New York Times).

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