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Ya no va más

Cada vez con más frecuencia sentimos que nos ganan la impotencia y la desesperanza. Es terrible ver cómo vamos normalizando la tragedia de los nefastos números de las personas que diariamente mueren a causa del virus mientras el gobierno parece estar cruzado de brazos, sin saber qué camino tomar y tratando de esconder la realidad como si fuera una basura que puede ocultarse bajo la alfombra.

La inacción del gobierno ha superado todos los límites posibles. Lo cierto es que los paraguayos estamos muriendo como moscas mientras quienes deben tomar una decisión que nos saque del horror permanecen ciegos, sordos y mudos, incapaces de argumentar siquiera alguna excusa coherente con la que justificar ese no hacer nada que parece ya su modus operandi.

Mientras el Covid nos asola y nos tira a matar, quienes deben protegernos y salvarnos no tienen armas, o si las tienen no saben siquiera cómo usarlas, porque son incapaces y criminales. Posiblemente quienes manejan la salud pública y las instituciones del Estado ya han hecho vacunar a todos sus familiares, en Estados Unidos o utilizando sus privilegios, así que no les quita el sueño que los vacunatorios hayan quedado sin dosis y los ciudadanos continúen en manos del asesino, que últimamente se está haciendo un verdadero festín con las vidas de nuestros compatriotas.

En el momento más álgido de la pandemia, cuando los muertos superan los 100 diarios y el porcentaje de casos positivos es más del 50% del total de muestras, algo impensable para los expertos en salud, durante dos días han parado las vacunaciones en todo el país sencillamente porque se quedaron sin dosis.

La versión oficial es que Paraguay ya pagó por más de 7 millones de dosis de varias vacunas, y que si no estamos todos vacunados en este momento es porque quienes nos las vendieron no cumplen con los plazos de entrega. Cada vez que se les reclama la cantidad de muertos y el poco porcentaje de ciudadanos inmunizados responden lo mismo, ya pagamos pero no nos las entregan.

Si esto es cierto, por lo visto los proveedores de las vacunas vieron la cara de estúpidos de los representantes gubernamentales y decidieron aprovecharse de ellos. De lo contrario, no hay ningún argumento que explique por qué los demás países siguen vacunando a su población –porque reciben las vacunas- y nosotros seguimos llorando por la plata que entregamos y no cumplieron. O los proveedores fueron más sinvergüenzas que nuestros enviados oficiales. Como siempre, la culpa es de los demás.

Pues no; la culpa no es de los proveedores. Es de los incapaces y sinvergüenzas que debían haber asegurado la provisión de vacunas para salvar vidas y no lo hicieron. Hay una sola cosa en la que este gobierno es experto, en hacer mal las cosas. En eso no tiene competencia.

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