Domingo , noviembre 18 2018
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Calé y Frank

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Por: Marilut Lluis O’Hara
Por: Marilut Lluis O’Hara

Solo un país tan informal y poco serio como el nuestro puede tener entre lo más granado de su clase política a un personaje con las características de Juan Carlos Galaverna. No es que en otros lugares los políticos fueran decentes y honestos, sino con más clase y un arte para disimular sus entuertos, que hace tiempo perdió el “calesitero”.

La serie de Netflix, Hose of Cards, nos desnuda la política americana tan corrupta y venal como la nuestra. Allí también, como aquí, se compran conciencias y votos, y se pisa la cabeza de quien molesta o entorpece el camino al poder. Frank Underwood es tan deshonesto como seguramente es Calé, pero el estilo que tiene es muy diferente. En realidad, el yanqui podría darle a nuestro político criollo, cátedra de cómo manejarse en un nido de ratas sin perder el estilo ni arrugarse la camisa.

Calé es un cachafaz, un tipo que no solamente pisotea la ley y la Constitución, sino que presume de ello. Cada año festeja su cumpleaños con varios miles de invitados –asisten cada vez menos, lo que me hace tener alguna esperanza en mis compatriotas- donde se cocinan miles de kilos de asado y se reparten miles de litros de cerveza. Ups, ahora que lo recuerdo, alguna vez yo también fui invitada a su cumpleaños y estuve allí, como parte de esa romería de gente anónima, vaya a saber por qué.

Pero basta de este mea culpa y volvamos a Calé. Reconoció que violó la Constitución hace casi 20 años, y lo hizo con absoluto desparpajo. Ni le tembló la voz, posiblemente porque sabía que nadie haría nada al respecto y que su confesión sería olímpicamente ignorada por la Fiscalía, que debió haber actuado de oficio. Y lo sabía porque él maneja los hilos de la política criolla, que es tan irresponsable, cachafaz y badulaque como él.

Todo está tan sometido a sus deseos, que hasta salió a la luz un video pornográfico que lo tenía como protagonista, con 2 chicas jóvenes, lo que, en lugar de avergonzarle y hacerle renunciar a la vida pública, lo llenó de orgullo porque quedó como un machote, cuando que no es más que un viejo gagá, ridículo y asqueroso.

Las cosas hubieran sido diferentes si se lo grababa con otro hombre. Allí sí, nuestra caretona sociedad hubiera reaccionado escandalizada y él tendría que haber hecho mutis por el foro.

Hace algunos siglos, poco después del golpe de Estado, cuando él era diputado y yo cubría la cámara por Noticias, escribí un comentario en contra suya; cuando me vio se mató de la risa y me dijo “a vos te deben leer unos 10 mil; a mí me siguen más de 100 mil”.  Ya entonces, joven y creíble para mucha gente, Calé demostraba lo que iba a ser, un gran manipulador de las leyes y de la gente. Ojalá llegue el momento en que no le sigan ni mil personas. Sería un gran paso hacia un país serio y comprometido con la gente y el Estado de Derecho.

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