Miércoles , noviembre 21 2018
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El enorme atractivo de una Copa del Mundo

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Por: José María Troche

La Copa del Mundo dejó de ser, hace años, un simple torneo deportivo, para convertirse en un gran negocio a escala global. Lejanos quedaron los tiempos románticos cuando un organizador invitaba y participaban solamente aquellos que quisieran. Así, desde 1930 hasta 1954, siempre hubo una treintena de inscriptos y muchas veces participaron menos que los 16 necesarios para un torneo normal.

Es que los tiempos han cambiaado desde los ’50 cuando viajar por el mundo se redujo al tiempo que demoraban los aviones a chorro en cruzar el “Gran Charco” y quedaron en el olvido los interminables viajes allende los mares.

En 1930 se convocó a la disputa del primer Campeonato Mundial de Fútbol, en Montevideo, porque los uruguayos como bicampeones olímpicos merecieron llevarlo a Cabo. Pero mientras los equipos americanos aceptaron jugarlo (no todos) los europeos amparados por la distancia (se requería poco menos de un mes para llegar desde Génova hasta Montevideo) prefirieron quedarse en sus casas.

Por entonces tomar parte de un torneo mundial era asumir todos los gastos y recibir una recompensa casi simbólica, si es que los números cerraban.

1954, LA BISAGRA

El campeonato mundial de Suiza, en 1954, fue la bisagra que abrió las puertas a las grandes competencias. Por primera vez se completó el cupo de 16 finalistas, por primera vez se transmitieron algunos partidos en circuito cerrado de Tv, y por primera vez también no ganaba el mejor equipo del momento. También fue el comienzo del reparto beneficioso de utilidades…

Así, tres torneos después, en Inglaterra, 1966, ya Eurovisión lo transmitió para todo el mundo y las eliminatorias comenzaron a llegar a los más recónditos parajes del planeta.

MILLONES EN JUEGO

Tras el mundial de Sudáfrica, donde la selección nacional llegó a los octavos de final, la APF embolsó una cifra millonaria que permitió, entre otras cosas, invertir en infraestructura y remunerar a los seleccionados convenientemente y repartir entre sus afilados sumas imperantes.

Pero la plata no viene solamente de los derechos de televisión, ni del merchandising, ni de los viajes y demás. Viene también del turismo que asiste a cada competencia y que deja millones de utilidades a los países sedes. Brasil recibió (a pesar del cólera y la inseguridad) más de dos millones de turistas en el mes y pico que duró la Copa del Mundo. El Estado invirtió en infraestructura vial y de telecomunicaciones, construyó escenarios deportivos, complejos habitacionales y mejor notablemente la hotelería, que fueron el rédito que ganó el país organizador.

¿POR QUÉ COMPITEN?

Hoy mismo más de una docena de países, solos o por separado ya se inscribieron para organizar las Copas del Mundo después de la de Qatar 2022, donde por última vez competirán 32 selecciones. Desde el torneo siguiente serán 48 los competidores. Para la Copa del ’26 ya se inscribieron Estados Unidos, México y Canada para organizarlas. Y para 2030, Argentina, Paraguay y Uruguay apuntan a ser organizadores de la Copa del centenario.

¿Por qué? Porque es el pretexto perfecto para atraer inversiones, para construir obras necesarias desde siempre y para siempre, de generar puestos de empleo, de recibir a un turismo de magnates y potenciales inversores, de abrir las puertas del país, de mostrarlo gratuitamente al mundo entero.

Quien está en contra de que Paraguay asociado con Argentina y Uruguay organice la Copa del 2030, no sabe lo que dice. Y como Arturo Vidal, patean en contra de los intereses del país.

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