Jueves , septiembre 20 2018
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Graves desviaciones del periodismo

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Por: Carlos Alberto Rodríguez Periodista (*)
Por: Carlos Alberto Rodríguez
Periodista (*)

“Intentan aprobar el rekutu”. El titular era absolutamente falso porque de lo que se trataba era de decidir si se hacía o no un referéndum que iba a decidir si se encaraba o no una enmienda constitucional para permitir la reelección. Luego, si el referéndum lo aprobaba, habría una votación donde el ciudadano decidiría entre varios candidatos si se concretaba o no el “rekutu”. Desde el principio, un amplio sector de la prensa atropelló la verdad y pisoteó su compromiso de veracidad, justeza en su abordaje.

De por medio estaría la convocatoria a la ciudadanía a decidir del modo más amplio y democrático una cuestión que estaba dividiendo. La técnica parlamentaria establece que cuando el debate no produce resultados, se lleva a votación y ahí la mayoría decide. A juicio de muchos, era el camino y no el de la violencia, el atropello y el escándalo como finalmente fue el camino que se siguió para decidir.

“Los violadores de la Constitución”, acusó el periodismo ¿Eran sentenciados por un Juez? no. Sentenciados por la prensa que se autoatribuyó de un modo despótico, un rol que no le corresponde. No solo eso, sino que sin mediar condena de juez competente, la prensa condenó y expuso al escarnio público a los digitados por el medio como “violadores” cuando claramente la Constitución establece que mientras no haya condena debe presumirse la inocencia de las personas. Es extremadamente grave el modo como se pisotearon derechos.

Quienes pensamos diferente porque hemos interpretado a expertos en derecho que han expuesto sus argumentos muy sólidos, fuimos tratados con desprecio y agresividad.

La verdad salió de paseo y la mentira formó opinión pública. Una aberración por donde se lo mire. Y este es el estilo de periodismo hoy día y para peor, muchos periodistas – repletos de soberbia- creen que están en el camino correcto y no tienen problemas de manipular.

“Se robaron 40 millones de dólares”, se dijo en estos días con la más absoluta firmeza cuando en medio de la confusión nadie podía calcular ni contar billetes para determinar la cuantía. El mundo se estremeció con el “robo del milenio”. Faltan todavía 983 años para que termine el milenio y ya se arriesgó la calificación. Hubo una grotesca falsía ya que el monto sería de alrededor del 15% de lo que se dijo para exagerar la calificación del asalto. No hay pudor. Se miente sin problemas y nadie pide disculpas.

Ciertamente no hay democracia sin libertad de expresión, pero tampoco puede sostenerse una democracia con tanto índice de manipulación y mentiras. La prensa paraguaya no esconde sus vicios y defectos y estamos ante una temible situación de no cumplir varias exigencias que justamente reclama a las instituciones de la vida republicana.

Cuando en nombre de la libertad, los contenidos de la información son deformados y puestos al servicio de beneficios subalternos, la libertad se prostituye y se corrompe. Se disimulan y prohijan fines económicos o políticos espurios, dándoles el disfraz de aspiraciones legítimas. Decía un pensador que esa es probablemente la violación más grave de la libertad de información porque abusa de un derecho vigente para atentar contra la sustancia misma de ese derecho.

Con algún éxito momentáneo, se legitiman modos operativos injustificables que orillan la extorsión o el chantaje. El periodismo honesto valora, selecciona y explica los hechos que conforman el acontecer social dentro de una línea de pensamiento coherente. Pero hoy más que periodismo, se hace política en su peor manifestación conocida.

Hay una moral torcida en el ejercicio del periodismo, una malversación de la libertad de información y el castigo inevitable es el merecido desprestigio. La violencia de las expresiones en los titulares y abordajes informativos es una prueba de que el descrédito obliga al uso de otras armas que no son propias.

Hay una altísima responsabilidad que pesa sobre los profesionales del sector informativo. De ellos se espera que sirvan antes que nada a la investigación, la transmisión de la verdad que finalmente es el bien más preciado. Es el mejor modo de velar por la dignidad de las personas y la defensa del bien común.

Falta más autocrítica, una permanente evaluación de la calidad moral del trabajo. Es tiempo de empezar a cuidar la buena salud de la información si se pretende conservar la buena salud de las libertades.

abc

Periodista (*)
Tomado de su FB con expresa autorización del mismo.

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