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El caos se apodera de la campaña de Estados Unidos

WASHINGTON. El presidente Donald Trump retomó en la víspera la campaña electoral, una semana después de anunciar su positivo por una enfermedad potencialmente mortal y tras nueve días de reclusión que quiso compensar, bajo los efectos de un tratamiento de esteroides, con una más que desconcertante ofensiva de vídeos e intervenciones mediáticas.

Un brote de coronavirus en la Casa Blanca ha afectado ya a más de 30 personas y ha vaciado de vida y llenado de ansiedad el ala Oeste. El próximo debate presidencial se ha cancelado. La líder de la mayoría demócrata en la Cámara baja, Nancy Pelosi, ha iniciado el proceso para permitir la inhabilitación del presidente por cuestiones de salud mental y física. El Senado se dispone a arrancar las históricas audiencias para la confirmación in extremis de un relevo en el Tribunal Supremo que puede cambiar el curso de los avances sociales en el país.

En un segundo mensaje, el presidente estadounidense ha felicitado al expresidente Álvaro Uribe por “luchar contra el castrismo-chavismo”. Este sábado, una juez le ha concedido la libertad al exmandatario colombiano, quien enfrenta un proceso por manipulación de testigos y llevaba más de dos meses en detención domiciliaria.

En el Congreso, los mensajes erráticos de Trump enquistan el bloqueo en la tramitación de un nuevo paquete de rescate necesario para mitigar los efectos del mayor colapso económico que sufre el país desde la Gran Depresión. El FBI aborta una trama de milicianos armados para secuestrar a la gobernadora de Michigan y promover una “guerra civil”. El país sigue golpeado sin piedad por una pandemia que ha matado ya a más de 214.000 estadounidenses, que continúa creciendo en 40 Estados y cobrándose casi mil vidas cada día. Los dos partidos se preparan para una eventual emergencia que se desataría si un recuento ajustado lleva a una contestación del resultado. Así es como los ciudadanos de la primera potencia mundial se encaminan a unas elecciones que sus líderes, enfrentados en casi todo lo demás, coinciden en calificar como las más importantes de sus vidas.

Ni el más fantasioso guionista habría podido imaginar el caos que se ha apoderado de la política estadounidense a tres semanas de las elecciones. En un, cuando menos, controvertido uso de la Casa Blanca para un acto de campaña, antes de conocer el parte médico que le declaraba como no contagioso, Donald Trump recibió este sábado a un grupo de seguidores, en su mayoría afroamericanos y latinos, precisamente los colectivos más golpeados por la pandemia, a los que se dirigió sin máscara desde un balcón. “A nadie daña más la guerra de la izquierda contra la policía que a los afroamericanos”, les dijo el presidente, adentrándose en el debate sobre la justicia racial desatado en el país tras la muerte a finales de mayo de George Floyd a manos de la policía.

Hasta este sábado, el presidente no había sido visto en público desde que regresó a la Casa Blanca el lunes, tras ser dado de alta del hospital en el que ingresó tres días antes por complicaciones con la covid. Frustrado por la perspectiva de una reelección que se le escapa, Trump quiso mantenerse activo en la esfera pública con una furibunda actividad tuitera, un vídeo en el que hablaba de la enfermedad como “una bendición de Dios” y una serie de entrevistas telefónicas en medios afines. (Con información de El País)

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