Domingo , noviembre 18 2018
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Todos contra todos

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Marilut Lluis O’Hara
Marilut Lluis O’Hara

Estamos llegando al peor escenario que se podía dar, que nos enfrentemos entre nosotros mismos, los que tenemos las mismas necesidades y las mismas angustias, los que peleamos día a día por sobrevivir y poder dar una vida más o menos digna a nuestras familias, los que somos desvalijados diariamente por los sinvergüenzas que desde hace siglos nos roban todo, hasta lo que no tenemos. Nosotros, los que peleamos por lo mismo, ahora nos convertimos en enemigos.

Hace tiempo que hablamos de que en el país ocurrirá un estallido social. Y no es porque seamos visionarios ni nada de eso; después de décadas de robos y latrocinio, era obvio que algún día los más pobres de este país pobre tendrían que reaccionar y buscar justicia. Pero jamás nos imaginamos que cuando lo decidieran, no irían contra los responsables de su situación sino contra sus compatriotas, los que están casi tan mal como ellos y deben remarla casi con terquedad para sobrevivir.

Lamentablemente eso es lo que está ocurriendo ahora. No hablo aquí de lo justo o injusto de los reclamos de los campesinos, sino de la forma que han decidido utilizar para reivindicarlos. Y me refiero exclusivamente a ellos porque no creo que haya igualdad entre sus reclamos y los de los cooperativistas.

No se me ocurre ninguna alternativa lógica, pero alguna debe haber para que estos campesinos hagan uso de su derecho a manifestarse, garantizado constitucionalmente, sin hacer que lo deban pagar sus compatriotas. Lo peor del caso es que mucha de esta gente que se ve afectada en su derecho a la libre circulación, que también es constitucional, quizá podría apoyar los reclamos de los labriegos si no fuera que con ellos entorpecen tanto su día y su vida, que lo único que sienten es rabia e indignación.

¿Se dan cuenta de lo que ocurre? Nos estamos peleando entre nosotros, mientras los responsables de que vivamos de esta manera, sin recibir salud digna en los hospitales ni educación de calidad en las escuelas, siguen disfrutando de la fresca viruta. Porque ustedes no vayan a pensar por un solo segundo que los bloqueos interminables de las calles de Asunción afectan a los poderosos, los culpables de que este país se haya convertido en un lodazal en donde hay que matar al otro aunque el otro sea como nosotros y jamás nos haya hecho daño.

Dicen que esto va a continuar no sabemos hasta cuándo. A lo mejor hasta que de repente se encienda una chispa: un conductor indignado que golpee a un manifestante, o viceversa. Y allí llegará el estallido social, no el que pensábamos, del pueblo contra el gobierno, sino este otro, el del pueblo contra el pueblo. Y lloraremos los resultados, pero no cambiará nada.

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