sábado , febrero 22 2020
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Como la fiebre

Los desastres que genera Paraguayo Cubas en el Senado no son casuales, sino resultado de una gran degradación institucional que sufre el ordenamiento jurídico-político del país y que se refleja con meridiana claridad en las dos cámaras del Congreso Nacional.

Sin dar más vueltas, ayer, un psicópata puso en vilo a un poder del Estado, y lo hizo sin que absolutamente ninguno de los otros senadores tuviera la suficiente autoridad para frenarlo y evitar el bochorno que la situación produjo.

No hay ninguna sorpresa en la actuación de Cubas. Ya defecó en el despacho de un juez, dio cintarazos a otro y pintó murallas. Esa fue su forma de hacer campaña y así consiguió una banca en la Cámara Alta, lo cual debería hacernos reflexionar como ciudadanía, sobre lo mal que estamos para ver como representante nuestro a alguien que actúa de manera desequilibrada y no tiene ningún límite a la hora de conseguir sus objetivos.

Los senadores sabían que era muy probable que el desequilibrio de Cubas llegue hasta la cámara. No había por qué pensar que el hecho de haber sido electo le iba a hacer recuperar la razón de manera milagrosa. Pero aun así no pensaron en reaseguros y, muy por el contrario, continuaron haciendo la vista gorda a situaciones ilegales, muy lejos del respeto al Estado de Derecho del que tanto suelen presumir.

Si el Senado hubiera sido una cámara seria y respetuosa de la institucionalidad, un chiflado no hubiera puesto en jaque a todo el pleno, caminando encima del presidente, Silvio Ovelar, quien demostró una absoluta incapacidad para actuar con firmeza ante una crisis bochornosa como la de ayer.

Pero la institucionalidad no forma parte del actuar de los senadores, que trabajan, conversan y hasta legislan con 2 personas que no debieran hacer parte del pleno porque están usurpando bancas que no les corresponden. Esto, de por sí, ya demuestra el poco respeto que la cámara tiene a lo que dictan la Constitución y las leyes.

Por eso insistimos que el desequilibrio demostrado ayer por Cubas, y la falta de capacidad para ponerle freno, no son algo casual, sino fruto de la grave falta de respeto a las instituciones que han demostrado los senadores- y no sólo ellos- en estos 3 meses, desde que se inició el período constitucional.

Payo Cubas es un psicópata y payaso, que busca desesperadamente la atención de la prensa, a la que también agrede sin ningún inconveniente, porque a él nada le impide violentar a todo el mundo. Ayer llegó a un límite, pero no era su primera explosión. Esta situación es consecuencia de la displicencia con la que se actuó con sus otros exabruptos, por los que ahora se paga un alto precio.

Insistimos en que este hecho es apenas un síntoma. Y la responsabilidad es de las más altas autoridades de la República y de los políticos y parlamentarios en general, que se permitieron violentar normas expresas consagradas en primerísimo lugar por la Constitución Nacional, como es la elección de autoridades por el soberano voto popular.

Y la crisis institucional que desataron es el precio que están pagando por ello. Payo es apenas el detonante.

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