miércoles , septiembre 18 2019
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Gatopardismo

La palabreja del título significa literalmente “cambiar algo para que no cambie nada”, o sea, disimular, ver la manera de que se aplaquen los ánimos de la gente, o quien sea, para seguir haciendo lo que uno quiere.

En términos religiosos esta situación se definiría como “sin propósito de enmienda”, o sea, sin ganas de corregir los errores, sin arrepentirse verdaderamente, para seguir haciendo las mismas cosas, mal.

Lamentablemente esa es la impresión que dio el Presidente de la República en sus declaraciones frente al Palacio de López, en la que parece ser una ”arremetida comunicacional”, ordenada por sus asesores para intentar contener la reprobación ciudadana hacia su gestión.

Sin un plan claro y cambios en las carteras fundamentales (así como en  el “primer anillo”), algunas remociones que está anunciando se reducirán a una cuestión puramente cosmética, sin mayor relevancia.

La ciudadanía está harta de la inseguridad, lo decían humildes vendedoras de artesanías, que no pueden instalar sus puestos en la madrugada, del terror que le producen los drogadictos, caballos locos, motochorros y demás.

Este drama ocupa el primer lugar en el monumental “aplazado” que obtuvo el primer año (¡el primero!) del gobierno de Mario Abdo, en la encuesta que encargaron medios oficialistas, por lo cual no se debe dudar de su autenticidad. Además lo que hizo fue nada más que reflejar meridianamente la realidad que vive la gente en la calle.

¿Qué tiene pensado hacer el Presidente en esta delicadísima materia? Aparentemente nada. Mantendrá en el cargo al ministro, porque es su amigo, o porque le cae bien, pero no será por los logros de su cartera.

En segundo lugar, otro drama ciudadano, un tema que puede volverse explosivo en cualquier momento: la educación. Los ánimos de los estudiantes secundarios están soliviantados por las carencias, precariedad e improvisación en una cartera que debería ser clave para la administración actual. ¿Qué hará el Presidente? ¿Anunció algo? Sí. Que no cambiará al ministro, funcionario súper cuestionado, inhábil para el cargo, sin experiencia ni especialización alguna, no lo removerá “porque tiene su confianza”. Debería tenerla, en realidad,  si los pasos que dio en su cartera fueran gigantescos Pero no. Por supuesto en cualquier momento los estudiantes y no solo ellos, los directores, los docentes, los gremios, todo el mundo clamará por cambios. Pero no, se seguirá remando contra la corriente.

Son sólo dos ejemplos.

Lo que está ocurriendo en el Paraguay, una tremenda crisis institucional por la firma del acta entreguista, absolutamente antinacional, es grave y más grave aún, que no se advierten planes ni signos de cambios reales. Por lo menos hasta ahora no los anuncio nunca Abdo en sus discursos públicos. No hay corte, no hay cambio radical. Se seguirá entregando la cabeza de algunos peones pero nada importante.

Es penoso vaticinarlo, porque en definitiva el perjudicado es el pueblo, pero si lo que se pretende es retomar todo, como antes, el gobierno seguirá tambaleante y quizás sin  posibilidades de un providencial salvataje, como ocurrió en esta ocasión.

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