Sábado , mayo 27 2017
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¡Japuká mba’e!

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Siempre escuchamos que los paraguayos somos intolerantes, pero la realidad nos demuestra a cada paso todo lo contrario o, si no somos tolerantes, al menos tenemos una capacidad de aguante digna de reconocimiento. De otra forma no se explicaría que soportemos tanto circo, tanto disparate, tanto mamaracho político y mediático, como el que vemos y escuchamos a diario.

Dirigentes partidarios, legisladores y no pocos periodistas, se desgañitan denunciado el “golpe”, que para algunos es inminente y para otros ya se concretó. Sin embargo, no hay libertades conculcadas, no hay persecución, ni apresamientos por razones políticas. La prensa hace uso y abuso de la libertad que la protege. Los detractores del gobierno se movilizan cuando quieren y por donde quieren, aún violentando el derecho de terceros. Los Poderes del Estado funcionan con la normalidad de siempre. Pero insisten, “el golpe está en curso” y convocan al pueblo a manifestarse, como el delirante de Luis Alberto Wagner y Desirée Masi, entre otros.

Lo curioso del caso es que responsabilizan del hecho a quienes promueven elecciones libres y reclaman el respeto a la voluntad popular, es decir a la mayoría de diputados y, actualmente, también de senadores. ¿Y quiénes, según ellos, son los que defienden el Estado de Derecho y la institucionalidad de la República? La minoría de legisladores que ayer se “parapetó” en la presidencia de la Cámara Alta, atribuyéndose arbitrariamente la facultad de decidir cuáles temas puede ésta tratar y cuáles no, entre ellos por supuesto la reelección y, yendo aún más lejos, resuelve “per se” qué es constitucional y que no, potestad exclusiva de la Corte Suprema de Justicia.

Así, la mayoría, que pretende dejar en manos de la ciudadanía la decisión de si aprueba o rechaza la reelección, es “golpista”, y la minoría, que quiere imponer su voluntad por la fuerza, es “demócrata”. Una “rara” formulación que no encontraremos en ningún manual de ciencias políticas, aunque éstas, a juzgar por cómo se suceden los acontecimientos, no son fuente consulta de los enardecidos denunciantes del apocalipsis.

El delirio no acaba allí. Efraín Alegre, presidente del PLRA, para desgracia del liberlaismo, y Víctor Ríos, uno de sus escuderos en la Cámara de Diputados, “advierten” sobre lo que se viene: “Un golpe al Parlamento”, “un fujimorazo”, cuyo propulsor sería Horacio Cartes. Semejantes afirmaciones solo pueden nutrirse del arsenal de la idiotez. Un “golpe al parlamento” o “fujimorazo”, significa que otro poder del Estado (el Ejecutivo), lo disuelve por la fuerza, persigue a sus miembros y/o los cesa en sus funciones, como hizo Alberto Fujimori el 5 de abril de 1992, en Perú. Y la razón que motivó al golpista fue que no tenía el control del Congreso. Ahora bien, la pregunta que Alegre y Ríos deberían responder es ¿Por qué HC haría algo semejante si, como ellos mismos reconocen, sus adherentes son mayoría en ambas cámaras del Poder Legislativo?

Por supuesto, en la cadena de disparates nunca falta el eslabón periodístico, “el grosero y loco”, como alguno se autodefine, para el cual esa mayoría implicaría “la sumatoria de poderes” y, en consecuencia, “la dictadura”. El “pequeño” problema con el que tropieza esa “tesis” es que con dicho criterio Donald Trump sería el peor dictador del planeta, pues tiene el control de ambas cámaras del Congreso, del Departamento de Justicia, las Fuerzas Armadas y nombra ministro de la Corte, en el país más poderoso del mundo. Pero para no ir lejos, esa mayoría la tuvo en su momento Fernando Henrique en Brasil, los Kirchner en Argentina y aquí Nicanor Duarte Frutos, pero no por eso a alguien se le ocurrió calificarlos de dictadores.

En fin, hasta Juan Carlos Galaverna aparece en las páginas de ABC y da entrevistas a la radio de Zuccolillo para brindar cátedras de respeto a los reglamentos y a la Constitución Nacional, en lugar de hacer lo mismo que su colega “Trato Apu´a” y callarse, para que nadie le recuerde su condición de autor confeso de la estafa a la voluntad popular, el peor delito contra la democracia, en oportunidad de las internas coloradas en las cuales le escamotearon el triunfo a Luis María Argaña.

El escenario no deja de ser delicado, sobre todo por la forma bestial en que los medios desinforman, pero los discursos y “argumentos” de la minoría, falaces, pobres y contradictorios, solo producen risa.

¡Japuká mba’e!

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