Lunes , noviembre 19 2018
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La delincuencia en el ADN

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Es obvio que cuando era un humilde zapatero de Sapucái hace muchos años, la pobreza de Miguel Cuevas se debía solamente a que no había tenido aún oportunidad de enriquecerse sin ningún escrúpulo molesto. Pero la oportunidad le llegó a través de la política y a partir de allí se convirtió en un poderoso millonario, y no fue a consecuencia de su arduo trabajo, sino de su capacidad natural para negociar y transar todo tipo de chanchullo, buscando siempre la ventaja personal.

El listado de todo lo que hizo al frente de la Gobernación de Paraguarí parece un vademécum de cómo robar y estafar a la población desde un cargo público; no dejó nada a la suerte. Falsificó facturas, se llenó de planilleros, hizo todo tipo de negociados y hasta su hijo robó la merienda escolar, y gracias a eso se volvió millonario, lo que parece demostrar que Cuevas es una familia enferma y profundamente deshonesta.

No desaprovechó ninguna oportunidad de meter plata a su bolsillo, ¡hasta compró lechuga por más de 10 veces su precio! Sin límite y sin escrúpulos, en cualquier otro país Cuevas estaría metido en la cárcel por lesión de confianza. El daño que hizo a la administración de su departamento, supuestamente, alcanza la suma de 40 mil millones de guaraníes.

Aquí no. Aquí está a punto de ser declarado inocente “por falta de pruebas” y es el presidente de la Cámara de Diputados, integrante de uno de los poderes del Estado. Aquí, aunque tiene claras señales de ser un delincuente, es autoridad.

Algo que dijo el senador Juan Darío Monges, correligionario y compueblano de Cuevas, es digno de recordarse. Si su actitud deshonesta es consuetudinaria, resulta ingenuo pensar que en la cámara actuará de una manera diferente.

Y eso se pudo comprobar a menos de dos meses de haber sido elegido titular de Diputados. Inmediatamente llenó los pasillos de la cámara con planilleros, casi todos operadores políticos suyos, de su “valle”. Pero hay 2 que, además, fueron contratados por una causa diferente. Uno tiene relación con la fiscala y el otro con el juez que decidieron no seguir con la causa que investigaba a Cuevas por lesión de confianza por 40 mil millones de guaraníes.

En su defensa, para la que recurre a los medios “amigos”, critica a los que pertenecen al Grupo Cartes y pretende hacer pensar que todo es una mala campaña en su contra, orquestada por el expresidente. Parece ignorar todas las pruebas que hay de su desastrosa y corrupta administración al frente de la gobernación. Sin embargo, no hay en su actuación, socarrona y vulgar, ningún dejo de vacilación o arrepentimiento.

Cuevas no lamenta nada de lo que hizo, por lo que no podemos dejar de enfrentarnos al terrible temor de que seguirá haciendo lo mismo, en el puesto que consiga, hasta que alguien por fin le frene y lo lleve preso, algo que será difícil que ocurra ahora puesto que llegó al Legislativo de la mano del presidente de la República, Mario Abdo Benítez, cuya protección parece tener. Por si fuera poco, ahora tiene fueros, lo que con los legisladores que tenemos significa una clara impunidad.

Después de una administración casi austera de Pedro Alliana, Diputados enfrenta ahora un vendaval que podría alcanzar a quienes están alrededor. La deshonestidad de Cuevas es consuetudinaria, la lleva en su ADN, así que lo de los planilleros en la cámara es apenas su primer acto de gobierno. Habrá que prepararse para los próximos.

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