Martes , septiembre 25 2018
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Los “impolutos” son más de lo mismo

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Durante meses escuchamos a la senadora Desirée Masi convertir los cruces de llamadas en “pruebas irrefutables” de que los sucesos del 31M constituyeron actos de “terrorismo de Estado” y que sus protagonistas (José Ortiz, Luis Canillas y otros) deberían ser procesados y condenados por tales hechos. Otro miembro de su equipo y candidato a diputado por Central, el exfiscal José Casañas Levi, se refirió al “cruce” como un elemento “clave” en las investigaciones judiciales. Y como remate, el “candidato estrella” del PDP al Senado, abogado Guillermo Duarte Cacavelos, quien abusó del mismo argumento durante casi un año, había pedido a la Fiscalía que se incluya las llamadas realizadas aquella noche como elementos probatorios, independientemente de sus contenidos. Ahora cambiaron drásticamente de posición. ¿Por qué motivo? Porque el diario Última Hora publicó que Duarte mantuvo numerosas conversaciones telefónicas con Raúl Fernández Lippmann, cuando éste se desempeñaba como secretario del Jurado de Enjuiciamiento y, ¡oh casualidad!, en ese lapso obtuvo un fallo a favor de su suegro.

En decenas de declaraciones desarrollaron la tesis de que los cruces de llamadas eran casi el equivalente al arma homicida, en lugar de un posible indicio a ser investigado, como manda el derecho. Desirée llegó al extremo de sostener en un programa de Telefuturo, emitido el 31 de julio del año pasado, que los hechos del 31 de marzo configuran “el caso más documentado de terrorismo de Estado de toda la historia…”, como lo demostrarían, según ella, las comunicaciones mantenidas aquella noche entre diversos actores del entorno presidencial.

Con el mismo argumento, Casañas Levi expuso ese mismo 31 de julio, en Radio Ñandutí, la fantástica teoría de que las llamadas realizadas por Ortiz y Canillas, entre otros, serían la confirmación de que “existió una conspiración desde el Estado”. Y Duarte Cacavelos, como señalamos, solicitó que se incluyan como pruebas en la carpeta fiscal, según lo divulgado también por el diario Última Hora en fecha 5 de diciembre.

Todo esto era antes o, mejor, cuando los famosos “cruces” tenían como protagonistas a los que concentran todos los odios de la iracunda senadora. Pero ahora, al conocerse que Duarte también mantenía “fluídas” conversaciones con Fernández Lippman, resulta que, según Desirée,  “el cruce de llamadas no dice nada, ¡por Dios!, lo importante son los contenidos”.

 Sorprendentemente, tanto la legisladora como el abogado que espira al Senado, manifestaron a la prensa sin ningún titubeo que lo normal era hablar con Fernández Lippman por ser éste “el centro neurálgico del Jurado”. ¿Cómo es eso? ¿Centro neurálgico de qué y, sobre todo, para qué? ¿Para obtener resultados que no se logran por las vías ordinarias que emplea cualquier abogado del foro? ¿Para ejercer alguna “influencia” sobre los magistrados?

Las contradicciones entre el antes y el ahora, así como las aclaraciones que en realidad oscurecen, no hacen más que poner de manifiesto la profunda incoherencia de quienes dicen profezar el sumum de la coherencia y se presentan como la reserva moral de la república, cuando los hechos demuestran  que nada les diferencia del cuestionado Óscar González Daher, por ejemplo.

Ya lo dijo Aristóteles, después Kant y en el siglo pasado lo repitió Perón: La única verdad, es la realidad. Y en este caso, la realidad dejó al desnudo que Masi, su “promesa” para el Senado, el tal Duarte, así como Casañas Levi, solo son “más de lo mismo”.

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