Viernes , septiembre 21 2018
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¡Mentirosos y encubridores!

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A nadie le sorprende que un político mienta, sobre todo en tiempos electorales, cuando hacen todo tipo de promesas a sabiendas de que las van a incumplir inexorablemente. Estamos tan acostumbrados a esto como a que los funcionarios públicos sean corruptos, lo cual es muy malo por cierto. Pero no estamos preparados para que la más alta jerarquía de la Iglesia Católica quiera engañarnos de manera tan escandalosa como intenta hacerlo en el caso que involucra a un pedófilo múltiple, Carlos Ibáñez, al que brindaron protección por más de dos décadas, a lo largo de las cuales ejerció campantemente el sacerdocio.

Ayer, nuevamente, uno de los obispos dio cátedras de hipocresía al “alentar” las publicaciones contra curas acusados de cometer abusos sexuales a menores. Se trata  de monseñor Adalberto Martínez, quien sin embargo pasó por alto dos “pequeños detalles”: Él era párroco de San Lorenzo cuando Ibáñez fue recibido allí con los brazos abiertos y después ocultó graves denuncias que a él le presentaron contra dicho clérigo hace ya varios años.

Martínez ahora nos cuenta que “son casos muy tristes de personas consagradas que juraron ante Dios cuidar el rebaño y se conviertan en depredadores de menores”. Si de verdad pensara así, ¿por qué entonces no movió un solo dedo cuando recibió tan graves denuncias? Y hay más, porque no satisfecho con mentir a los paraguayos, también le mintió al representante del Vaticano en nuestro país, el Nuncio Apostólico Eliseo Ariotti, quien tiempo atrás le consultó sobre el sacerdote argentino y él le respondió que nada sabía de esa persona.

Haciendo gala de una proverbial hipocresía, monseñor Adalberto afirmó que “la Iglesia está a favor de investigaciones de este tipo, que sean serias, estén bien fundamentadas y documentadas”. La verdad, tanto cinismo, espanta. Y lo mismo pasa con el Arzobispo de Asunción, Monseñor Edmundo Valenzuela, a quien también recurrieron los denunciantes a los que Martínez les había dado la espalda, pero tampoco hizo nada al respecto, salvo mentirle a Ariotti del mismo modo que hizo su colega de la Conferencia Episcopal Paraguaya.

Como señalamos en el editorial de ayer, “si la cabeza anda mal, al cuerpo le irá peor”. Y en efecto es así como lo demostró el sacerdote Aurelio Martínez, de la parroquia de Yatytay, Itapúa, quien a los gritos instó al pueblo paraguayo a que exija la renuncia del presidente Horacio Cartes y le declare la guerra a su gobierno, tal como consta en el video difundido en la víspera ampliamente por los medios de prensa.

Consultado al respecto, el ahora “exigente” obispo Martínez manifestó que la arenga en cuestión no fue apropiada, ya que los curas no deben intervenir en cuestiones políticas, por lo cual corresponde que sea amonestado por su superior, el obispo de Encarnación Francisco Pistilli.

Definitivamente, el hombre goza de muy mala memoria, sobre todo en lo relativo a hechos que no conviene a los intereses de la jerarquía católica. ¿Acaso no recuerda que Fernando Lugo, un obispo, no un sacerdote de Yatytay, hizo política por años y se lanzó a la presidencia de la República con el apoyo indisimulado de sus colegas?. ¿No sabe que muchos miembros del episcopado hoy adhieren abiertamente a un segundo mandato de aquel siniestro personaje, ni que los templos nuevamente son plataformas al servicio de dicho proyecto?

Estos hechos no son más que muestras dolorosas de cuán extraviados están los obispos del Paraguay. Por un lado, protegieron a un criminal que abusó de menores y mienten alevosamente al respecto, dejando de lado el octavo mandamiento, y  por el otro se embarcan una y otra vez en proyectos políticos, ofreciendo así un panorama sencillamente horroroso.

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