Viernes , noviembre 16 2018
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Salario: ¿Enemigo público número 1?

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Cada vez que suben los precios, sobre todo el de los combustibles y del transporte público, pero no solo de éstos, escuchamos a dirigentes sindicales  que de inmediato salen a reclamar el ajuste de salario mínimo, la pérdida histórica de su poder adquisitivo, etcétera y, acto seguido, a funcionarios del gobierno, empresarios y economistas advirtiendo sobre la tragedia que se desataría en el país de aprobarse un incremento. El riesgo de que se dispare la inflación es el gran argumento en contra de un eventual aumento. Una especie de “fatalismo” que ni cabe discutir. Pero veamos si la “variable” de los salarios es la causante de todos los males, como dicen algunos.

Sube el dólar, es directa consecuencia del aumento de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal de los EE.UU. Correcto. Sube el barril del crudo, es el resultado de tal o cual conflicto en Medio Oriente. Digamos que eso lo explicaría, más o menos. Suben los precios de los combustibles en el mercado local, es a raíz de lo antedicho. No hay nada que cuestionar, salvo las “trampitas” agregadas por Patricia Samudio desde Petropar. Suben los pasajes. Una medida obligada. Suben los artículos de primera necesidad, algunos de los cuales son importados en dólares y otros encarecidos por el aumento de los fletes. Una cuestión hasta si se quiere… lógica. Pero, ¿y los sueldos? ¡Ni hablar! Eso dispararía la inflación, se perderían puestos de trabajo y hasta cerrarían algunas empresas. ¿Cómo? ¿Todo lo demás puede subir y, finalmente, el eventual ajuste salarial sería el único causante de todos los males?

Dejando de lado las exageraciones, típicas como recurso polémico, comencemos por admitir que los salarios, cuando suben, ejercen una fuerte presión inflacionaria. Claro que sí. Pero junto con eso, convengamos también que es el último de los eslabones de una larga cadena de eventos, que pueden sucederse en Nueva York o Arabia Saudí, en Petropar o en el Equipo Económico, en los mercados, supermercados y comercios en general. Y que todos los eslabones anteriores a él, salen ilesos de cualquier tormenta, excepto… el salario.

Los sueldos no son, pues, la “variable” que determina el eventual incremento de la inflación, al menos no la única, ni la que la engendra, como señalamos al citar algunos ejemplos. En todo caso son la variable, pero del “ajuste de la economía”, ignorando los demás factores y descargando sobre los asalariados todo el peso de las medidas para dejar mantener inamovible la tasa inflacionaria.

Sin embargo, los técnicos del Equipo Económico, los empresarios y la mayoría de los economistas presentan la relación salario-inflación como la causa y el efecto, como  una verdad irrefutable. Seguramente la sacaron de algún manual de Chicago, pero no se compadece en lo más mínimo con la realidad, evidencia una alta dosis de mediocridad (o interés, según el caso) y otra de indolencia, porque son miles las familias que dependen del salario mínimo y que ya tropiezan con severas dificultades para llegar a fin de mes.

Por tanto, sería conveniente que ensayen otras fórmulas más creativas, que permitan hacer frente a condiciones regionales o internacionales adversas sin perjudicar a tantos paraguayos, a los más humildes. Y si la creatividad o capacidad para resolver problemas no son sus características, al menos vean la manera de que todos, absolutamente todos, nos ajustemos los cinturones, no solo los que dependen del mínimo, como sucede desde hace tantísimo tiempo.

Esto último podrá considerarse “utópico”. Tal vez, aunque también tiene mucho de realismo. Nuestra gente no la está pasando bien, los indicadores así lo demuestran y si no se hace nada frente a la pérdida del poder adquisitivo de sus  sueldos, como fruto de la escalada de precios, el resultado será un ambiente de creciente crispación social, que ni al gobierno, ni a las capas más acomodadas conviene.

Así es que, primero, dejen ya de lado los argumentos impregnados de cinismo y, segundo, elijan: o le ponen ciertos límites a su histórica indolencia frente a la crisis social o tendrán que lidiar con los conflictos que se desatarán inexorablemente.

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