Lunes , septiembre 24 2018
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Un tema no menor

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Tendemos a minimizar el problema del dengue. Cuando apareció la enfermedad, llegada desde el Brasil, ¿cuándo no?, se escuchaban “razonamientos” como…”peerooo, que me va a hacer un mosquito a mí…”. Nadaaa. Jamás me va a tumbar un miserable bichito…”

El tal mosquito no solamente demostró que puede tumbar a uno sino que además tener postrado a todo un país.

Todo está infestado de mosquitos, por lo que es prácticamente imposible escapar de la epidemia. Quien más, quien menos, usted, amable lector o su señora o sus hijos, todos, salvo rarísimas excepciones, hemos tenido dengue. En proporción más o menos grave,  pero lo cierto es que la enfermedad ha tumbado a más de la mitad más uno del Paraguay. Así de grave es la cosa.

Y encima a medida que uno vuelve a contagiarse, el problema se vuelve más jodido, disculpen el término,  porque el dengue va mutando y poniéndose más agresivo y peligroso, al punto de poder causar la muerte de las personas.

Es así que eso de sentarse al aire libre al atardecer en el patio de la casa, etc, es una decisión casi suicida, ante el riesgo de sufrir una picadura y volver a contraer el mal, que cuando es un segundo caso, casi seguramente te lleva a un sanatorio-todos están atestados- o directamente a terapia intensiva.

No estamos exagerando. Según los registros oficiales, la enfermedad, en este ciclo, mató ya a 7 personas y va por más. Hay miles de casos sospechosos y todo hace suponer que la conclusión de la peste, está aún lejos.

Por eso, la alarma general que está cundiendo ahora está más que justificada. Desde el principio los organismos oficiales de control de este mal se vieron sobrepasados, ellos solos, lo advirtieron, no eran capaces de sofocar los focos del mosquito. El problema estaba en las casas, ¡en nuestras casas! en donde los floreros con bonitas flores y además, guardaban dentro de sí, del recipiente magníficos criaderos de los terribles Aedes Aegyptis que luego saldrían a replicar la amenaza a la salud.

No hicimos los deberes. Especialmente –lamentamos decirlo- las clases menos pudientes. En Asunción el foco principal de diseminación de la peste estuvo y está en el barrio de la Chacarita, donde los bañadenses, además del medio ambiente adverso, no colaboran completamente en la eliminación de latas, cubiertas, botellas, y todo lo que sirva como “piscina” al bicho para criar a sus larvas.

Ahora, gracias a Dios, la gente está reaccionando. Se registra una serie de actividades donde participa el sector empresarial privado inclusive. En la tapa del colega “La Nación” se apreciaba ayer una foto de los empleados de la cadena de supermercados “Real”, participando de una de las mingas de limpieza de los barrios. Asimismo, participaron otras entidades privadas.

En el sector oficial también se están tomando medidas interesantes. En  las escuelas harán un alto de una hora para dedicarlo a “hacer la vida imposible” al famoso mosquito que a estas alturas ya puede ser calificado de “asesino”.

La movilización general aunque un poco tardía seguramente tendrá resultados auspiciosos. De paso cambiaremos una costumbre ancestral de los paraguayos que somos poco afectos a la limpieza domiciliaria.

Hay que ganarle la batalla al mosquito. La situación es de cuidado. Demostró que es poderoso y letal y que no se debe subestimarlo.

Cuán equivocados estábamos cuando en los inicios de la enfermedad decíamos “qué me va a hacer a mi este mosquito de porquería…”.

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