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Una prueba de fuego

Ciudad del Este amaneció hoy con un nuevo intendente. Con el quórum exigido por el reglamento, siete concejales resolvieron ayer aceptar la renuncia de la intendente Sandra McLeod de Zacarías y, acto seguido, designaron como sucesor a Celso “Kelembú” Miranda. Desde el punto de vista institucional y legal, el procedimiento no merece cuestionamientos. Ahora, resta saber cuáles serán las posturas que se asuman en el ámbito político, especialmente en esferas del oficialismo, aunque existen indicios de que éste no se opondría a lo dispuesto por los ediles, para evitar “alquilarse” un problema que podría escapársele de las manos y perjudicar seriamente al gobierno.

La Ley que rige la materia es la N° 3.966/10 Orgánica Municipal- EL artículo 53 de esta normativa establece cómo proceder en caso de renuncia del intendente y el inciso “c” dice taxativamente: “Si el hecho ocurriera durante los dos últimos años, el presidente de la Junta Municipal convocará a sesión, en la cual mediante el voto secreto de cada uno de sus miembros, será elegido de entre los mismos un nuevo Intendente por el voto de la mayoría absoluta para completar el mandato”.

El hecho, es decir la renuncia de Sandra, se produjo durante los últimos dos años, la sesión fue convocada por el nuevo titular de la Junta, Juan Ángel Núñez, inmediatamente después de asumir el cargo y la mayoría de absoluta de miembros de la Junta Municipal decidió nombrar como jefe comunal a Miranda, quien deberá completar el mandato que se extiende hasta diciembre del 2020.

Los detractores del llamado “clan Zacarías” pegaron el grito al cielo, tanto los concejales como sectores de la prensa (con ABC color a la cabeza) y de la oposición. Calificaron lo acontecido como un “golpe”, pero no aportaron una sola evidencia, nada que se parezca a un argumento medianamente sólido que pueda darle consistencia a dicha caracterización.

“Descolocados” por la movida política, que evidentemente les sorprendió, solo dijeron que “la convocatoria era ilegal, por haberse realizado fuera del recinto de la Junta”. Y es cierto que se llevó a cabo en otra dependencia de la Municipalidad, pero porque los otros cinco ediles, apoyados por activistas políticos, “tomaron” las oficinas del legislativo, justamente para que este no se reúna, a lo que por supuesto no hacen mención.

¿Se respetará o no lo dispuesto por la Junta? La pregunta ni siquiera deberíamos hacernos, pero cabe, dada la historia de irrespeto a lo que resuelven las instituciones y el poco o nulo apego a las leyes por parte de un vasto sector de la dirigencia política. Pero esta vez, los eternos hacedores de conflictos pareciera que no tienen la fuerza suficiente como para “patear el tablero” e imponer su voluntad al margen de la institucionalidad y las leyes, tal como lo hicieron en otras ocasiones.

En efecto, existen indicios de que el oficialismo no quiere asumir los peligros que representaría agravar aún más la crisis en Ciudad del Este y optaría por reconocer lo actuado por los concejales en mayoría, con todo el sinsabor que significa para dicho sector no poder seguir adelante con el plan de tratar el caso en Diputados y aprobar la destitución de McLeod, según lo previsto.

Si esto es así, la Cámara Baja debería archivar el caso. De hecho, carecería de toda lógica que trate el informe de la interventora Carolina Llanes que, a lo sumo, podría dar lugar a la remoción de una intendenta que ya no es intendenta, valga la perogrullada.

En su desesperación, los que promueven desconocer a Miranda como intendente lo presentan como una vergüenza para el municipio. Pero ese es otro tema, que en todo caso merece un análisis por separado, aunque constancia que quienes hoy sostienen esa tesitura son los mismos que hasta hace poco le rendían alabanzas y, además, también son los mismos que quisieran tener como jefe comunal a un preso por narcotráfico.

Los paraguayos debemos defender a capa y espada el respeto a las instituciones y al ordenamiento legal. Esa es la prueba de fuego para encauzar la crisis en CDE y en los más variados ámbitos. Y si el oficialismo ahora se apega esta práctica, pues, bienvenido sea.

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