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¿Unidad o antesala a nuevas traiciones?

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Los nuevos anuncios sobre la búsqueda de la unidad en la ANR, generaron reacciones de las más diversas. A algunos, la sola hipótesis de que esta se produzca les pone los nervios de punta, a otros les despierta ilusiones y también estamos los incrédulos, los que preferimos la prudencia, evaluar si las intenciones son sinceras y, sobre todo, aguardar si se respaldan con hechos concretos que trasciendan los discursos y las declaraciones a la prensa. Lo cierto es que, por ahora, no hay gran cosa y lo poco que hay, cual sería la integración de los “Añetete” a la Comisión Ejecutiva, de ningún modo podría considerarse como el punto de partida de un acercamiento que apunte a la reunificación sobre bases serias.

Recordemos los antecedentes más cercanos. El movimiento de Marito ha sido el responsable de dinamitar el proceso unitario que emprendieron los colorados después de las internas del 18 de diciembre y que fue determinante para la victoria de la ANR el 22 de abril pasado. El “romance” con el movimiento liderado por Horacio Cartes duró lo mismo que la campaña electoral y luego se esfumó, así como así, sin mediar explicaciones. Y apenas un mes después, la deslealtad se tradujo en decisiones que no hicieron más que oficializar la ruptura unilateral por parte del abdismo.

Primero, hacia finales del mes de mayo,  boicotearon la sesión del Congreso, para impedir la aceptación de la renuncia de Cartes a la presidencia de la República, con el fin expreso de que no pueda jurar como senador nacional el 30 de junio siguiente, junto con los demás candidatos electos y proclamados. Esto desató una crisis, como era de esperar, pero entonces entraron en escena supuestos negociadores, que pedían tiempo para resolver el impasse y que los senadores añetete (encargados del trabajo sucio) se aviniesen a aceptar la renuncia de HC.

Pero nada de eso pasó, fue puro cuento, muy eficaz por cierto para lograr la parálisis de Honor Colorado y que la maniobra se consume. Conclusión: Le sacaron de la cancha nada menos que al líder del movimiento con el cual se habían aliado para poner a Marito en el Palacio de López, avasallando disposiciones de la Corte Suprema de Justicia, del Tribunal Superior de Justicia Electoral y, tan grave como esto, la voluntad popular, principio sagrado de la democracia.

Segundo, se valieron de Fernando Lugo, al cual le permitieron usurpar funciones de la Corte y el TSJE, para elegir a dedo a los reemplazantes de HC, y también de Nicanor Duarte, que eran de su agrado, de manera a que ni el uno ni el otro puedan ocupar sus bancas en el futuro.

Tercero, rompieron el acuerdo en la Cámara de Diputados, para dejar en banda a la bancada de Honor Colorado, coaligarse con sectores de la oposición y colocar en la presidencia a un perfecto atorrante, Miguel Cuevas, a quien Marito y Hugo Velázquez lo visitaron en varias ocasiones, a pesar de la lluvia de denuncias de corrupción que ya se publicaban en su contra.

Cuarto, apenas asumieron la administración central, desataron una campaña feroz para intentar desprestigiar lo realizado en los últimos cinco años, denunciando irresponsablemente la existencia de 1.200 planilleros, en educación, toneladas de medicamentos “vencidos”, en salud pública y, en un acto de fenomenal cinismo, hasta “grandes negociados en Petropar”. Pero nunca aparecieron los planilleros, ni los medicamentos y, en lo que respecta a la petrolera, lo único que sabemos es que están destrozando los grandes avances que se registraron en la petrolera en beneficio de los consumidores.

Y podemos seguir con más y más ejemplos, pero resultaría tedioso. El tema es que después de todo esto, un buen día, Marito aparece en la Junta, habla de “unidad sin impunidad”, como si formara parte de las carmelitas descalzas y los otros de una secta demoníaca, pero se refiere exclusivamente a la incorporación de sus seguidores a la Comisión Ejecutiva.

¿Por qué ahora? ¿Acaso puede ocultarse tanta basura debajo de la alfombra? ¿Es esa la unidad que propone, dejando en la impunidad tantos atropellos? ¿O es que tiene el cálculo de que, en el nuevo escenario político, su movimiento podría convertirse en mayoría en dicho organismo, como paso previo para hacer lo mismo en la Junta y terminar copando el partido?

Independientemente de las respuestas a estas interrogantes, lo importante de resaltar es que la integración organizativa de los añetete, sea en la Comisión Ejecutiva o en la Junta, no sellará la unidad ni nada que se le parezca. Ésta solo puede ser el resultado de la integración política. Y mientras esto no suceda, cualquier acuerdo del tipo que ahora se platea terminará en un fracaso estrepitoso, que perjudicará a Honor Colorado y a la ANR, para beneficio exclusivo del abdismo.

La principal tarea que tiene por delante la dirigencia colorada, si en verdad desea la unidad, es restituir las reglas de juego que fueron rotas en los últimos meses, inclusive a costa del Estado de Derecho y de la institucionalidad de la República, lo que implicará resolver, en primer término, las barrabasadas cometidas en el Senado, excluyendo de su seno a los senadores “mau” y poniendo en funciones a quienes fueron electos y proclamados para tal efecto.

Eso sí puede reconstruir la perdida confianza, sobre bases políticas serias y hechos concretos. Lo otro será una nueva pérdida de tiempo o, peor aún, la antesala a nuevas traiciones.

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