martes , junio 2 2020
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Efraín no tiene quien le escriba

Cada día que pasa resulta más increíble que alguien de las características de Efraín Alegre presida nada menos que un partido centenario como el liberal; la mayor fuerza de la oposición. Es una persona, gris, sin talento  y de muy escasa formación, cuyas declaraciones solo son tomadas en serio por sectores de la prensa interesados en desprestigiar la gestión del gobierno, con el único fin de defender sus intereses corporativos. En tan solo 48 horas, primero hizo galas de su nulo apego de la democracia, al “amenazar” con ocupar el Congreso y el Palacio de López, si el oficialismo lograra instaurar la figura de la reelección. E inmediatamente después, de su completa desinformación, al afirmar que Cartes “paralizó al país en el 2016”, con tan mala suerte, para él, que justo este año es considerado como el de mejor desempeño económico, sobre todo tomando en cuenta las condiciones adversas de la región. Pero mejor, veamos qué dicen los datos de la realidad.

Para comenzar, la economía paraguaya registrará un crecimiento del orden del 4% de su Producto Interno Bruto (PIB), uno de los más altos de Sudamérica, junto con Bolivia y Perú. Pero más importante que este indicador macroeconómico es sobre qué sector de la producción se asienta dicho logro, que a diferencia de años anteriores no es en la exportación de soja y carne, que aportaron lo suyo, sino en las obras públicas, en las que se invirtieron un total de 700 millones de dólares, casi cuatro veces más que en anteriores gobiernos, generando por medio de ellas 50.000 puestos de trabajo en forma directa.

Resulta paradójico que Efraín desconozca estos hechos, siendo que ejerció la titularidad del Ministerio de Obras Públicas (MOPC) durante gran parte del gobierno de Fernando Lugo, o pensándolo mejor, tal vez no, considerando que su desastrosa gestión solo produjo “rutas de la mentira”, ocasionándole un gigantesco daño patrimonial al Estado paraguayo, además de faltantes multimillonarios detectados en dicha repartición por parte de la Contraloría General de la República.

Otro dato que Efraín evidentemente no maneja es el relativo a la generación de energía eléctrica, cuyo alto rendimiento producirá este año un ingreso de 100 millones de dólares más al Tesoro, tal como informaron todos los medios de prensa, incluso los más hostiles al Ejecutivo.

Y dos más, a los que tampoco parece haber accedido el titular del radicalismo auténtico. El déficit fiscal del Paraguay es del 1,5% y su inflación anual del 4%, mientras que el del Brasil es del 7% y de la Argentina 10%, con tasas inflacionarias que rondan el 30%.

Claro, Efraín podría alegar en su defensa, si tuviera una pizca de picardía, que “eso no se refleja en la microeconomía” o que “la situación de la gente es cada vez peor”, pero de vuelta chocaría contra la muralla de la realidad. Solo este año, la Senavitat ya construyó más de 10.000 viviendas y supera las 20.000 en lo que va del presente periodo constitucional, lo que supone una indiscutible mejoría en las condiciones de vida de aproximadamente 100.000 compatriotas.

Si a esto agregamos los programas sociales, como Tekoporã, cuya cobertura abarca en el presente a casi la totalidad de los pobres extremos, la refinanciación de las deudas a 10.000 labriegos, las colonias rurales creadas por el Indert, los beneficios que significa para el consumidor la reducción del pasaje del transporte, del combustible y el gas licuado, así como la nueva ley de ajuste del sueldo mínimo, encontraremos que el 2016 es un año en el que se produjeron avances importantes, tanto en la “macro” como en la “micro” economía.

Nada de esto nos transporta al “país de las maravillas”, por supuesto. Son muchos los problemas pendientes de solución, pero hubo avances que nadie puede discutir, ni menos rebatir con afirmaciones ridículas tipo “el país está paralizado”, sencillamente porque no es así.

Ante actuaciones tan bochornosas, Efraín debería rodearse con urgencia de algunos buenos asesores que le ubiquen en la realidad y le redacten sus discursos, pues a cada intervención suya evidencia, además de excesiva ignorancia, que ni siquiera tiene quien le escriba.

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